El legado colonial de un marquesado

El Parc Samà es un viaje de ida y vuelta, de emigración y retorno. Hacer las Américas. Volver y dejar el legado. Otros árboles, otros pájaros, otros trajes y colores, otras artes…

Aventura, cultura y riqueza. El Parc Samà es la historia del marquesado de Marianao.

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Samà es sinónimo de familia indiana, de América, fortuna y regreso.

Conservadores en política y proteccionistas en los negocios, actuaron como mecenas e impulsaron el renacimiento económico, social y cultural de su ciudad de acogida.

Su carácter comprometido se reflejó en los diferentes cargos públicos que ocuparon. Salvador Samà i Martí, primer Marqués de Marianao, fue Regidor de la Habana y Senador del Reino en Cuba.

Salvador Samà i Torrents, promotor del Parc Samà

Su sucesor en el marquesado y promotor del Parc Samà, Salvador Samà i Torrents, también Marqués de Vilanova y la Geltrú y Grande de España, fue un destacado político español, miembro del Partido Liberal, Diputado a Cortes, Senador Vitalicio, alcalde de Barcelona y miembro de las Juntas organizadoras de las Exposiciones de 1888 y 1929.

Salvador Samà i Torrents fue una persona adelantada a su tiempo, interesada por los movimientos artísticos, políticos y sociales de su entorno cercano y lejano.

De espíritu abierto, cosmopolita y comprometido, tenía obsesión por la estética y por el bienestar que genera la belleza.

El parque es un legado de su historia y de sus cualidades humanas

Recuperó el sabor exótico de la vida en las colonias de sus antepasados, encontró la belleza en la armonía asimétrica del romanticismo y apostó por el modernismo catalán que imperaba.

En el parque se funden aventuras, viajes y piezas traídas de Cuba, Inglaterra, Francia o China con anécdotas de empeño y perseverancia, anhelos por conservar la historia de sus recuerdos.

El romanticismo de un jardín histórico

Un jardín romántico, parterres franceses, un bosque poético y abstracto, plataneros y juncos que conviven con glicinas y buganvilias. Más de ochocientas palmeras, mágicos robles y elegantes cedros y pinos rodean el lago donde viven patos y tortugas.

Pavos y faisanes corretean alrededor de su cascada, testigos de nuestra visita. Jardín de interés cultural, compañero de estados de ánimo, de libertad y reencuentro.

Es el romanticismo, es el jardín del Parc Samà.

Un caos elegante

La búsqueda de la perfección encuentra su lugar en un caos elegante, en la propia armonía de la naturaleza. A imagen y semejanza de los jardines ingleses, el Parc Samà proclama la libertad desde su concepción romántica, como si de una creación improvisada se tratara.

Sin renunciar a trazados de composición ordenada, afrancesada, el parque es principalmente romántico y poético, más o menos denso y salvaje, compuesto en gran parte por espacios abiertos y con presencia de importantes especies botánicas.

Se trata de un jardín claramente ecléctico que combina estilos que van desde el renacimiento italiano al inglés, incluyendo en este último caso sus tres modelos básicos: el paisajista, que pasa por la eliminación de estatuas, edificios y otros elementos —este sería el caso de la zona de transición que va desde el área posterior del Palacio al Lago—, el poético, que introduce la artificialidad y los elementos decorativos —el Lago, la Cascada— y el abstracto —el Bosque—.

Exóticas palmeras, mediterráneos palmitos, eucaliptos, plataneros y juncos conviven con glicinas y buganvilias

Parterres exóticos donde predominan palmeras y hiedras. Robles que se consagran a la divinidad femenina de la Tierra, almeces centenarios poseedores de cualidades mágicas.

Elegantes cedros, sagrados pinos y cipreses míticos rodean su lago, testigos también de su ría y su cascada en un guiño romántico hacia Asia.

El lago, el canal y la cascada forman la parte más atractiva del área y suponen el centro de gravedad de todo el conjunto histórico.

Aviario Marianao:
Homenaje a las aves de Centroamérica

Jardines románticos

El Parc Samà se construye en el año 1881 coincidiendo con el movimiento cultural del romanticismo, un nuevo modo de ver el mundo donde los sentimientos primaban por encima de la razón. Este movimiento también llegó a la jardinería, así los jardines románticos se diseñaban con la premisa de romper con la rigidez y estructuración del jardín francés y volver a la naturaleza, mostrando un afán muchas veces desmedido por lo salvaje y lo exótico.

Dentro de esta variable exótica y silvestre, muchos jardines de la época contenían colecciones de animales (ciervos, faisanes, pavos reales…). En el caso del Parc Samà, y siguiendo con la idea del fundador del parque Salvador Samà i Torrens de recrear un jardín que transportara al visitante a la Cuba colonial, el parque albergó diferentes colecciones de animales entre las que destacaron las aves traídas de Centroamérica.

El jardín de hoy quiere recuperar esta dimensión, centrándose en la afición de su fundador en el coleccionismo de las aves ornamentales procedentes del nuevo mundo, pero adaptando este concepto al siglo XXI, donde el bienestar animal es la absoluta prioridad. Las colecciones animales que el Parc Samà alberga tienen vocación de servir como aula de educación y conservación, donde el visitante pueda admirar, disfrutar y comprender de cerca el maravilloso mundo de las aves.

El aviario también tiene vocación de ser una potente herramienta de concienciación social de los problemas medioambientales, la conservación de especies en peligro de extinción y la investigación científica.

Protección y bienestar

Para ello se han habilitado bajo directrices de expertos biólogos y veterinarios algunos de los recintos existentes ya desde la época de construcción del Parque como el Pabellón de los loros, la Faisanera y los Dormideros de las Anátidas, dotándolos de elementos que garantizan en todo momento la salud, protección y bienestar de las especies que van a albergar.

La novedad la constituye el segundo aviario más grande visitable en España, concebido para sumergir al visitante en el mundo de las aves exóticas, recreando la sensación de estar en la selva tropical. El voladero, construido sobre la base del antiguo recinto de los ciervos, de ocho metros de altura, incluye vegetación y cursos de agua.

El visitante entra y contempla en su hábitat y en todo su esplendor ocho magníficas especies de aves centroamericanas, brindando así de nuevo un homenaje a Salvador Samà i Torrens  y al mundo caribeño, cuya máxima expresión son estas bellas y coloridas aves.

El modernismo o la lealtad del arte a la naturaleza

Modernismo y naturaleza. Su inseparable relación de la mano del maestro Josep Fontserè i Mestres y la colaboración de Antoni Gaudí. Un lugar desde el que entender la excepcionalidad de la obra de este catalán universal.

Grutas, pasarelas y bancos que evocan rocas, caracolas y ramas cuidadosamente pensadas para ser vistas como si de un paisaje se tratara. Es el comienzo del modernismo y de la profesión de Antoni Gaudí, es la arquitectura del Parc Samà.

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En pie desde 1881

Salvador Samà hizo construir en 1881, a Josep Fontserè i Mestres (en la imagen), una residencia de descanso rodeada de jardines que evocaran la perdida isla de Cuba.

El Parc Samà es la fusión perfecta entre la sensibilidad del promotor y la creatividad de su maestro de obras.

Obra de Josep Fontserè i Mestres

El insigne don Josep Fontserè i Mestres supo traducir los anhelos del Marqués de Marianao en formas y colores hallados en la propia naturaleza.

Su impronta modernista se deja ver en sus asimetrías redondeadas, en sus verdes, azules y ocres, y en la seducción de sus figuras exóticas.

Colaboración de Antoni Gaudí

Fue maestro de grandes obras pero también de otros maestros. Dirigió y construyó obras como el Parque de la Ciudadela de Barcelona con la colaboración de Antonio Gaudí.

El máximo representante del modernismo catalán participó en Parc Samà. Aquí trabajó el hierro forjado, la cerámica, la madera y el vidrio, materiales que más tarde se convirtieron en sus materias primas. En el parque convivió con el arte de ligar diferentes estilos, tal vez provocando el eclecticismo que delineó su sello personal.

El Parc Samà es la fusión perfecta entre sensibilidad y creatividad, naturaleza, estilos y arte: la mejor lanzadera a la genialidad y al modernismo ecléctico de Antoni Gaudí.

Un jardín con memoria

Parc Samà es lo que enseña y lo que esconde. En su visita retrocedemos a la vida en las colonias, escuchamos el relinchar de sus caballos engalanados y nos agitamos con el dolor de su hospital de campaña. Interesados asistimos a sus reuniones políticas, observamos curiosos sus experimentos botánicos y, sorprendidos, el exotismo de su fauna.

Conversamos con los primeros turistas y nos emocionamos en sus conciertos de música clásica. Viajes, cultura, política, deporte, arte y ciencia. Parc Samà es un jardín con memoria, es lo que esconde y lo que cuenta.

Compromiso político y social

La vida del Marqués Salvador Samà i Torrents fue muy dinámica y el parque fue el reflejo de su compromiso político y social. El Parc Samà fue anfitrión de la visita de S. M. el Rey Alfonso XIII y de la Reina Victoria Eugenia y sede de numerosas reuniones y convenciones políticas.

En la década de los años veinte, el Consejo de Fomento efectuó varios experimentos botánicos, en especial, ensayos que pretendían exterminar la plaga de la mosca de la oliva.

Obsesión por la armonía natural

Una anécdota que ilustra la obsesión de Salvador Samà i Torrents por la armonía natural del parque es que ordenaba no barrer las hojas caídas, sino pincharlas para no estropear los caminos de tierra y grava, acción que a menudo llevaba a cabo él mismo.

Parc Samà

Pasión por la naturaleza

Su pasión por la naturaleza le convirtió en un coleccionista de animales traídos de diferentes lugares. El jardín debe su nombre de parque a que, debido a su afición, estaba dotado de diferentes pabellones y jaulas que albergaban faisanes, loros, lobos, monos, cocodrilos, una pantera e incluso un oso, pavos reales, llamas del Perú, guacamayos, marabús, golondrinas, cisnes, avestruces, periquitos y bellos acuarios que completaban las especies faunísticas del Parc Samà.

Además de la naturaleza, la gran pasión de Salvador Samà i Torrents eran los caballos y disponía de magníficos ejemplares en la cuadra del parque.

Su colección de coches de caballos estaba considerada la mejor de España pues, aparte de componerse de una gran variedad (tílburis, landós, coches cubiertos y de duelo), la mayoría eran de la prestigiosa casa Binder.

Salvador Samà i Coll

Su nieto y sucesor, Salvador Samà i Coll, heredó el carácter y virtudes de su abuelo y fue el siguiente propietario del parque. Montaba a caballo, era detallista y sociable y tenía un gusto estético innato, además de ser una gran persona que se hacía querer por todos.

Heredó de su abuelo la pasión por la estética y por el parque. Se pasaba horas y horas en el jardín, conocía cada árbol y se sentaba en un banco durante largos ratos para ver lo que podía mejorar.

Era tan perfeccionista que, una vez que quiso colocar la estatua griega en un parterre junto a la casa, hizo subir al pedestal de mármol a un niño, le puso por encima una sábana como túnica y lo tuvo un rato moviéndose de izquierda a derecha hasta que dio con el ángulo exacto para colocarla.

El parque abre sus puertas al público

Salvador Samà i Coll fue el primer Samà que abrió las puertas de su jardín para que la gente pudiera visitarlo y, a menudo, conversaba con los turistas.

Hablaba alemán, inglés y francés perfectamente y si estaba en la veranda merendando, más de una vez, había invitado a los visitantes a acompañarlo.

Testigo de la guerra civil

Pero Parc Samà ha sido además testigo de la Guerra Civil. En 1936 el parque tuvo un uso exclusivamente militar. El palacio y los jardines fueron confiscados por el Comitè Antifeixista de Cambrils y el recinto pasó a convertirse en un Centro de Instrucción Militar por donde pasaron miles de soldados que después de pocos días eran enviados a las trincheras.

Aún puede verse el rótulo de la cocina de intendencia y la entrada del refugio anti-aéreo. Se calcula que en el momento más álgido se ubicaron unos 2.500 soldados en barracones y tiendas de campaña diseminados por todo el recinto. La sección de ametralladoras se colocó en la Torre Angulo bajo el mando del Capitán Medrano.

En 1938 el Parque acogió a los soldados de la «Quinta del Biberón» que, tras recibir instrucción militar a lo largo de tan sólo tres días, fueron enviados a la línea del Ebro o del Segre. A finales del mismo año se instaló dentro del recinto un «Hospital de Sang» u hospital de campaña para los heridos de guerra.

De finca de caza a finca agrícola

La posguerra trajo cambios y, lo que fue finca de caza, se convirtió en finca agrícola. Se plantaron olivos, viña y avellanos. Se construyó una bodega y una prensa donde se hacía vino moscatel que se vendía directamente. Más de veinte agricultores trabajaron la tierra.

Festival Internacional de música clásica de Cambrils

En esta nueva etapa, Parc Samà albergó las primeras ediciones del Festival Internacional de Música Clásica de Cambrils.

Salvador Samà i Coll, amante de la música, fue el impulsor de este festival junto con Lluís Recasens, alcalde de Cambrils en aquellos tiempos.

Salvador Samà cedía el jardín para celebrar allí los conciertos, donde actuaron, entre otros, José Carreras y Monserrat Caballé.

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Alfonso de Fontcuberta, VII Marqués de Marianao

Alfonso de Fontcuberta, VII Marqués de Marianao, recibió por donación de su madre el parque en 1981 y realizó el segundo gran cambio del parque: reestructuró la finca, invirtió en maquinaria, plantó nuevos árboles como almendros y melocotoneros, y comercializó los productos al por mayor. Puso riego por goteo en toda la finca y por todo ello recibió el premio Deu del Institut Agrícola de Catalunya como finca modelo.

Alfonso de Fontcuberta comprendió que el parque se había convertido en un centro de referencia para turistas y, tras un viaje a California, copió el modelo de visitas a lugares con atractivo cultural y de ocio y así comenzaron las visitas turísticas y la comercialización del parque a través de agentes intermediarios. En este sentido, podría afirmarse que el Parc Samà fue el primer parque de ocio de España.

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